miércoles, 22 de abril de 2009

R. Darío. El triunfo de Calibán

El triunfo de Calibán
No, no puedo, no quiero estar de parte de esos búfalos de dientes deplata. Son enemigos míos, son los aborrecedores de la sangre latina, sonlos Bárbaros. Así se estremece hoy todo noble corazón, así protesta tododigno hombre que algo conserve de la leche de la Loba (2).Y los he visto a esos /yankees/, en sus abrumadoras ciudades de hierro ypiedra y las horas que entre ellos he vivido las he pasado con una vagaangustia. Parecíame sentir la opresión de una montaña, sentía respiraren un país de cíclopes, comedores de carne cruda, herreros bestiales,habitadores de casas de mastodontes. Colorados, pesados, groseros, vanpor sus calles empujándose y rozándose animalmente, a la caza del/dollar/. El ideal de esos calibanes está circunscrito a la bolsa y a lafábrica. Comen, comen, calculan, beben whisky y hacen millones. Cantan¡/Home, sweet home/! y su hogar es una cuenta corriente, un /banjo/, un//negro y una pipa. Enemigos de toda idealidad, son en su progresoapoplético, perpetuos espejos de aumento; pero su Emerson biencalificado está como luna de Carlyle; su Whitman con sus versículos ahacha, es un profeta demócrata, al uso del Tío Sam; y su Poe (3), sugran Poe, pobre cisne borracho de pena y de alcohol, fue el mártir de susueño en un país en donde jamás será comprendido. En cuanto a Lanier(4), se salva de ser un poeta para pastores protestantes y parabucaneros y /cowboys/, por la gota latina que brilla en su nombre."¡Tenemos -- dicen -- todas las cosas más grandes del mundo!" En efecto,estamos allí en el país de Brobdingnag (5): tienen el Niágara, el puentede Brooklyn, la estatua de la Libertad, los cubos de veinte pisos, elcañón de dinamita, Vanderbilt, Gould (6), sus diarios y sus patas. Nosmiran, desde la torre de sus hombros, a los que no nos ingurgitamos debifes y no decimos /all right/, como a seres inferiores. París es elguignol (7) de esos enormes niños salvajes. Allá van a divertirse y adejar los cheques; pues entre ellos, la alegría misma es dura y lahembra, aunque bellísima, de goma elástica.Miman al inglés -- /but English you know?/ -- como el /parvenu/ (8) alcaballero de distinción gentilicia.Tienen templos para todos los dioses y no creen en ninguno; sus grandeshombres como no ser Edison, se llaman Lynch, Monroe, y ese Grant cuyafigura podéis confrontar en Hugo, en /El año terrible/ (9). En el arte,en la ciencia, todo lo imitan y lo contrahacen, los estupendos gorilascolorados. Mas todas las rachas de los siglos no podrán pulir la enormeBestia.No, no puedo estar de parte de ellos, no puedo estar por el triunfo deCalibán.Por eso mi alma se llenó de alegría la otra noche, cuando tres hombresrepresentativos de nuestra raza fueron a protestar en una fiesta solemney simpática, por la agresión del /yankee/ contra la hidalga y hoyagobiada España.El uno era Roque Saenz Peña, el argentino cuya voz en el Congresopanamericano opuso al /slang/ fanfarrón de Monroe una alta fórmula degrandeza continental (10), y demostró en su propia casa al piel roja quehay quienes velan en nuestras repúblicas por la asechanza de la boca delbárbaro.Saenz Peña habló conmovido en esta noche de España, y no se podía menosque evocar sus triunfos de Washington. ¡Así debe haber sorprendido alBlaine (11) de las engañifas, con su noble elocuencia, al Blaine y todossus algodoneros, tocineros y locomoteros!En este discurso de la fiesta de /La Victoria/ (12) el estadista volvióa surgir junto con el varón cordial. Habló repitiendo lo que siempre hasustentado, sus ideas sobre el peligro que entrañan esas mandíbulas deboa todavía abiertas tras la tragada de Tejas; la codicia delanglosajón, el apetito /yankee/ demostrado, la infamia política delgobierno del Norte; lo útil, lo necesario que es para las nacionalidadesespañolas de América estar a la expectativa de un estiramiento delconstrictor.Sólo una alma ha sido tan previsora sobre este concepto, tan previsora ypersistente como la de Saenz Peña: y esa fue -- ¡curiosa ironía deltiempo! -- la del padre de Cuba libre, la de José Martí. Martí no cesónunca de predicar a las naciones de su sangre que tuviesen cuidado conaquellos hombres de rapiña, que no mirasen en esos acercamientos y cosaspanamericanas, sino la añagaza y la trampa de los comerciantes de la/yankería/. ¿Qué diría hoy el cubano al ver que so color de ayuda parala ansiada Perla, el monstruo se la traga con ostra y todo?En el discurso de que trato he dicho que el estadista iba del brazo conel hombre cordial. Que lo es Saenz Peña lo dice su vida. Tal debíaaparecer en defensa de la más noble de las naciones, caída al bote deesos yangüeses, en defensa del desarmado caballero que acepta el duelocon el Goliat dinamitero y mecánico.En nombre de Francia, Paul Groussac. Un reconfortante espectáculo el vera ese hombre eminente y solitario, salir de su gruta de libros (13), delaislamiento estudioso en que vive, para protestar también por lainjusticia y el material triunfo de la fuerza. No es orador el maestro,pero su lectura concurrió y entusiasmó, sobre todo al elementointelectual de la concurrencia. Su discurso, de un alto decoro literariocomo todo lo suyo, era el arte vigoroso y noble ayudando a la justicia.Y [ha] de oírse decir: "¿Qué? ¿Es éste el hombre que devora vivas lasgentes? ¿Este es el descuartizador? ¿Es éste el condestable de la crueldad?"Los que habéis leído su última obra (14), concentrada, metálica, maciza,en que juzga al /yankee/, su cultura adventicia, su civilización, susinstintos, sus tendencias y su peligro, no os sorprenderíais alescucharle en esa hora en que habló después de oírse la Marsellesa. Sí,Francia debía de estar de parte de España. La vibrante alondra gala nopodía sino maldecir el hacha que ataca una de las más ilustres cepas dela vena latina. Y al grito de Groussac emocionado: "¡Viva España conhonra!" nunca brotó mejor de pechos españoles esta única respuesta:"¡Viva Francia!"Por Italia el señor Tarnassi. En una música manzoniana, entusiasta,ferviente, italiana, expresó el voto de la sangre del Lacio; habló en élla vieja madre Roma, clarineó guerreramente, con bravura, susdecasílabos. Y la gran concurrencia se sintió sacudida por tan llameante"/squillo di tromba/ (15)".Pues bien; todos los que escuchamos a esos tres hombres, representantesde tres grandes naciones de raza latina, todos pensamos y sentimos cuánjusto era ese desahogo, cuán necesaria esa actitud y vimos palpable laurgencia de trabajar y luchar porque la Unión latina no siga siendo unafatamorgana (16) del reino de Utopía, pues los pueblos, sobre laspolíticas y los intereses de otra especie, sienten, llegado el instantepreciso, la oleada de la sangre y la oleada del común espíritu. ¿No veiscomo el inglés se regocija con el triunfo del norteamericano, guardandoen la caja del Banco de Inglaterra, los antiguos rencores, el recuerdode las bregas pasadas? ¿No veis como el /yankee/, demócrata y plebeyo,lanza sus tres ¡hurras¡ y canta el /God save the Queen/, cuando pasacercano un barco que lleve al viento la bandera del inglés? Y piensanjuntos: "El día llegará en que, los Estados Unidos e Inglaterra seandueños del mundo."De tal manera la raza nuestra debiera unirse, como se une en alma ycorazón, en instantes atribulados; somos la raza sentimental, pero hemossido también dueños de la fuerza. El sol no nos ha abandonado y elrenacimiento es propio de nuestro árbol secular.Desde Méjico hasta la Tierra del Fuego hay un inmenso continente endonde la antigua semilla se fecunda, y prepara en la savia vital, lafutura grandeza de nuestra raza; de Europa, del universo, nos llega unvasto soplo cosmopolita que ayudará a vigorizar la selva propia. Mas heahí que del Norte, parten tentáculos de ferrocarriles, brazos de hierro,bocas absorbentes.Esas pobres repúblicas de la América Central ya no será con el bucaneroWalker con quien tendrán que luchar, sino con los canalizadores/yankees/ de Nicaragua; Méjico está ojo atento, y siente todavía eldolor de la mutilación; Colombia tiene su istmo trufado de hulla yfierro norteamericano; Venezuela se deja fascinar por la doctrina deMonroe y lo sucedido en la pasada emergencia con Inglaterra, sin fijarseen que con doctrina de Monroe y todo, los /yankees/ permitieron que lossoldados de la reina Victoria ocupasen el puerto nicaragüense deCorinto; en el Perú hay manifestaciones simpáticas por el triunfo de losEstados Unidos; y el Brasil, penoso es observarlo, ha demostrado más quevisible interés en juegos de daca y toma con el Uncle Sam.Cuando lo porvenir peligroso es indicado por pensadores dirigentes, ycuando a la vista está la gula del Norte, no queda sino preparar la defensa.Pero hay quienes me digan: "¿No ve usted que son los más fuertes? ¿Nosabe usted que por ley fatal hemos de perecer tragados o aplastados porel coloso? ¿No reconoce usted su superioridad?" Sí, ¿cómo no voy a verel monte que forma el lomo del mamut? Pero ante Darwin y Spencer no voya poner la cabeza sobre la piedra para que me aplaste el cráneo la granBestia.Behemot (17) es gigantesco; pero no he de sacrificarme por mi propiavoluntad bajo sus patas, y si me logra atrapar, al menos mi lengua ha deconcluir de dar su maldición última, con el último aliento de vida. Y yoque he sido partidario de Cuba libre, siquier fuese por acompañar en susueño a tanto soñador y en su heroísmo a tanto mártir, soy amigo deEspaña en el instante en que la miro agredida por un enemigo brutal, quelleva como enseña la violencia, la fuerza y la injusticia."Y usted ¿no/ /ha atacado siempre a España?" Jamás. España no es elfanático curial, ni el pedantón, ni el dómine infeliz, desdeñoso de laAmérica que no conoce; la España que yo defiendo se llama Hidalguía,Ideal, Nobleza; se llama Cervantes, Quevedo, Góngora, Gracián,Velázquez; se llama el Cid, Loyola, Isabel; se llama la Hija de Roma, laHermana de Francia, la Madre de América.¡Miranda preferirá siempre a Ariel; Miranda es la gracia del espíritu; ytodas las montañas de piedras, de hierros, de oros y de tocinos, nobastarán para que mi alma latina se prostituya a Calibán![Publicado originalmente en la /Revista Iberoamericana/: Carlos Jáuregui. "Calibán: icono del 98. A propósito de un artículo deRubén Darío" y "El triunfo deCalibán" (Edicion y notas). /Balance de un siglo (1898-1998)/.
NúmeroEspecial, Coordinación de Aníbal González. /Revista Iberoamericana/184-185 (1998): 441-455.]

1 comentario: